jueves, 19 de febrero de 2009

EFEMERIDES MATRITENSES 852 - 1992

LIBRO SOBRE LA HISTORIA DE MADRID

... continuación

Año 1150. Las parroquias

El Madrid cristiano se va formando en torno a las parroquias, las cuales van surgiendo a medida que la población crece. Supondrán los centros vitales de la Villa.
Algunas serían las anteriores mezquitas, convenientemente transformadas para el nuevo culto.


En la actualidad ya han desaparecido algunas de ellas, como la vieja mezquita que pasó a llamarse Santa María, situada en la confluencia de la calle Mayor con Bailén; la iglesia de San Miguel, que se alzó en el lugar que ocupa el mercado de este nombre; la de San Salvador, lugar de celebración del Concejo abierto, situada al lado de la plaza de la Villa, etc. Otras, por el contrario, conservan su estructura esencial, como es el caso de San Pedro “el Viejo”, San Nicolás, etc.

Más adelante, en la Carta de Otorgamiento (1219), se hace una relación de las parroquias que conformaban la demarcación de la Villa. Al mismo tiempo empezarían a surgir los conventos y fundaciones religiosas, como iremos viendo en reseñas sucesivas.

Dieron también nombre a los barrios y calles que hoy constituyen el Madrid viejo. Los gremios de oficios iban surgiendo alrededor de estas parroquias, creando una estructura de curas, frailes y obreros manuales, un tanto desatendida del mundo del Alcázar y de los ambientes culturales. Los moros han de irse hacia las Vistillas y formaron lo que es hoy el hermoso barrio de la Morería. Los judíos encontraron su sitio en la aljama del Campillo, hoy Lavapiés.

En la actualidad se contabilizan en Madrid 311 calles con nombre de santo y 102 con nombre de santa, cifras suficientemente esclarecedoras de la tradición religiosa.


Año 1152


Alfonso VII concede privilegios y tierras a los habitantes de Madrid, firmado en Toledo, por el cual se concedía al “Concejo de esta Villa y hacía donación perpetua de los montes y sierras que había entre ella y Segovia para pastos de sus ganados, leña y madera para sus casas, con la facultad de vedar y defender el puente Berrueco, que dividía los términos de Segovia y Ávila, hasta el Puerto de Lozoya”.


sigue ...

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2 comentarios:

Juan Julián dijo...

Hola Emilio,
Siempre que he hablado contigo de tu blog, daba por hecho que era el de la Asociación. Mira por donde, me encuentro hoy aquí contigo en una página interesantísima y con mucho contenido. Conocía tu vena poética y literaria, pero no sabía que fueras un historiador públicado. Me encanta todo esto que pones de mi Madrid, y lo leeré con detenimiento. Sabes que tengo una especial debilidad por la Historia y, sobre todo, por esas anécdotas que componen la historia con minúsculas.
No sabes cómo me alegro de encontrarte aquí. Corro a poner un enlace en mi página, y cuando tenga un hueco comentaré algo sobre tu blog.
Solo una duda ¿cuándo perdiste el bigote?

Emilio Jorrin dijo...

Amigo Juan Julián:
Muchas gracias por tus palabras.

Que cuándo perdí el bigote?, 30 años estuve con él. Los dos últimos tuve también barba blanca.
¡Quela barba pone años!, todo el mundo me decía. No aguanté la presión y un buen día me afeité. Cuando me miré al espejo, no me conocía.

He recurrido a Lina y en “su diario” ha leído: "Miércoles 6 de agosto de 1.997, a las cuatro y cuarto de la tarde Emilio se ha afeitado la barba y el bigote".

Sí recuerdo muy bien las palabras de mi madre cuando me vio: ¡Hijo mío, has vuelto a ser tú!.

También olvidado entre mis papeles he recuperado unos versos muy simplones que a los pocos días escribí atrapado en la nostalgia:

MI BIGOTE.
Mi bigote era un bigote
bigote de mucho vuelo.
Bigote tuvo mi padre.
Bigote tuvo mi abuelo.

Era un bigote largo,
ancho y bien tupido.
Un bigote de bigotes.
Un bigote muy lucido.

Si reía, él reía.
Si lloraba, él lloraba.
En verano me daba sombra.
En invierno me abrigaba.

Mi bigote era un bigote.
Un bigote de verdad.
Un bigote de bigotes,
que me daba identidad.

Un cordial saludo.