miércoles, 7 de enero de 2009

ALEGORIA DEL VIENTO

LIBRO DE POEMAS escrito en Madrid soñando con Cantabria.

Mi ilusión de hizo viento
y remontó dificultades







PROLOGADO por don Carlos González Echegaray, director general de la Hemeroteca Nacional Madrid:

"Siempre es difícil cometido el prologar un libro de versos y más cuando el autor es nuevo en el campo de la poesía; y si además es artista en otra actividad, el peligro es mayor, porque no es fácil que los resultados de su nueva experiencia superen a los laureles que tiene ya conseguidos en otra rama del arte. Así le ocurre a Emilio Jorrín, pintor que ha reflejado con sensibilidad y técnica los paisajes de su Campoo natal y de otras regiones de Cantabria y de España a lo largo del medio centenar de exposiciones que lleva ya realizadas.
Pero ahora su inquietud le ha llevado a expresar sus sentimientos más sinceros por medio de la poesía y a pesar de las dificultades con que ha tropezado ha seguido adelante hasta conseguir notables mejoras en el dominio de la técnica, que al principio desconocía. El hecho de que sus poemas de este libro no sigan un orden cronológico, sino temático, hace que esta evolución no pueda ser detectada fácilmente. Como le ocurre a todo poeta que lucha con la forma, quizá los poemas más logrados aquí han sido los que fueron escritos prescindiendo de la tiranía de la rima, la medida y el acento. Así, en verso libre, resulta muy logrado el sencillo poema “Huerta de Salces”


Huerta de Salces … que es mi huerta

Huerta de Salces,
Huerta.
Campo que hueles a sauces vivos
que crecen en la ribera de tu río,
que tus entrañas moja.

Huerta de Salces,
Huerta.
En tu regazo se despierta
mi serenidad perdida.

Vida de agostos llenos de quimera,
gozados en tu tranquilidad serena.
Cuna que mimas el sueño
de las dulces siestas dormidas
arrulladas por el viento.

¡Cuánto silencio y susurro
por el canto de las hojas
de tus chopos erguidos
que se acercan al cielo
y mis sueños llevan!.

¡¡Cuántos amores vividos
al refugio de tus sombras!!.

Huerta de Salces,
Huerta.

A los pies de la Guariza posas,
jardín de árboles frondosos
y nodriza
de mil descansos resueltos
con emoción crecida.

y en el mismo estilo, alcanza el libro su mejor nivel poético en “Aúreo rincón”
Fuente de vientos olorosos...
Aureo rincon

Aureo rincón de mi casa,
manantial mágico de sabia
del árbol de mi universo.

Mar algodonado de amanecer naranja,
festín del músculo cansado
y navegar del alma.

A solas con tu silencio
mi tranquilidad descansa.

Fuente de vientos olorosos.
Céfiro de sueños estelares.
Escenario.
Arcoiris de emociones
de argumentos singulares.
Campanario.

Aureo rincón de mi casa.
Océano de atalayas bicolores.
Campo de amapolas.
Promontorio.
Lago de cristal con caracolas.

Aleluya de corales
en luna de castillo y plata.
A solas con tu silencio
mi universo se dilata.



o en “Torre de Madrid”, cuajado de audaces metáforas.

Heliotropo de lucero y viento
Torre de Madrid. Sede puntal de la Casa de Cantabria.


Torre de cemento en gris latente,
reverso de eucalipto que busca el sol.
Contemplas el vuelo del vencejo
mirando al cielo en vertical.

Prisma plural de aire fresco.
Mirador sobre tejas y horizontes
en convergencias de senda y sueños.
Altura escultural, latido nuestro.
Lugar de encuentro y amaneceres.

Geometría de calor y anhelos.
Emisora de ilusiones y esperanza.
Faro de luz entre nostalgias.
Tarro de esencias del sentimiento.

Heliotropo de viento y de lucero
en fuga de roderas trazadas
sobre el asfalto incierto.

Torre de marfil, monolito esbelto.
Estela de alegrías, incubadora
de azules y verdes nuevos.
Cerca de las estrellas y del alba
camino del firmamento.




Frente a esta libertad, los varios sonetos de la colección, un tanto heterodoxos en la forma, revelan un difícil trabajo de adaptación a las tiránicas exigencias de la rima. Sin embargo, los hay de perfecta estructura formal y de contenido, como el “Duende de Campoo” y dentro de una zona más lírica el titulado “Piedra dura”.


Viento de cumbres duras…

El duende de Campoo.

De Campoo, con sabias puras,
preclara voz del catastro.
Culto seguidor del rastro
de pulsos y de andaduras.

Viento de las cumbres duras,
laderas de piedra y castro.
Bebiendo paz en el astro
directo allá en las alturas.

Docto en Campoo de Arriba,
y duende de sus rincones
donde abreva tu cultura.

Río de nieves que se aviva
con las blancas narraciones
que embellecen tu escritura.



A los vientos repetía…

Piedra dura.

Cerraste con piedra dura
el muro de tu castillo.
No dejaste ni un portillo
en toda su arquitectura.

Fue difícil la abertura
de una entrada en el altillo.
Pero a golpe de martillo
culminé con la aventura.

Puse en ello la razón
porque tú no te creías
que mi tono era sincero.

Cuando lleno el corazón
a los vientos repetía
lo mucho que te quiero.


La nota fuerte de esta poesía de un artista de los pinceles -mejor dicho de la espátula, que es su único instrumento en la pintura- es precisamente y como lógica consecuencia de su vocación primaria, el vivo sentimiento de la naturaleza reflejado en el poema “Escapada” donde alienta su rechazo a la vida prosaica y gris de la ciudad.


Con viento de sensatez

Escapada.

Si me escapo alguna vez
con viento de sensatez
de esta ciudad huraña,
que me atrapa en su maraña,
no me busquéis entre gente,
ni miréis por consiguiente,
por dominios del asfalto.

Pasareis también por alto
rebuscar en capital
y peinados de arrabal.

No me busquéis en las playas,
ni avenidas, ni atalayas.

Para ver mi paradero
presto tomad el sendero
que se eleva en la montaña,
y subiendo por la braña,
hallareis sin más problema
la silueta y el emblema
del edén de mi cabaña
.


Otras veces, el sentimiento del dolor y del placer tiene honda expresión en poemas como “Evidencias”.


Vientos que son…

Evidencias.
Hay en la vida momentos,
evidencias que hacen ver,
que es efímero el placer
y que es amplio el sufrimiento.

Amistad, cariño, amor,
cúspides del sentimiento.
Vientos que son de dolor
si no te soplan a tiempo.

Gotas sin son que se pierden
en el océano inmenso.
Las gotas son el placer
el mar son los sufrimientos.

Poder, dinero y honor,
vértices del pensamiento.
Vientos que son de dolor
si no te soplan a tiempo.

Luceros sin luz que se pierden
por el firmamento.
Los luceros son el placer
el cosmos los sufrimientos.



Un sereno y profundo amor que no se limita a la persona amada, sino que se expande hasta las cosas que a ella la rodean, como suena con íntimos ecos amorosos en “A tu vera”.


Oigo cantar al viento…

A tu vera.

Estoy feliz a tu vera.
Veo azul el firmamento
y reluce más el sol.

Río de emoción contento.
Oigo cantar al viento
y reluce tu esplendor.

Siempre me siento contigo
como rueda de molino,
que con dócil movimiento
saca harina del trigo
animado por el viento.

Como piedra de cantera
que por arte de escultor
es ahora monumento.

Como jorge en la chopera,
como barco en alta mar,
como abeja en el panal,
y carreta en carretera.

Como el humo de la hoguera
en su ascenso vertical,
cántaro que va a la fuente,
pez que nada en la corriente,
gallo firme en el corral.

Como esteba del arado,
codorniz en la pradera
que canta su libertad.
Cual campana en campanario
que está tañendo a diario
su sonido de amistad.
Como el aire transparente
ondeando la bandera
pregonando la igualdad.
Cual potrillo por la braña,
cual mastín en la cabaña
creando seguridad.

Esto siento yo a tu vera.
Esto siento y mucho más.



La sencillez de esta poesía contrasta ventajosamente con otra más literaria “Juntos tú y yo” versificada en una especie de “cuaderna vía”.

Con las velas al viento…

Juntos tú y yo
Juntos tú y yo, con las velas al viento,
vamos bogando sobre el mar contentos.
Entrelazados: alma, corazón y pensamiento,
soportando huracanes, zozobras y aturdimiento.

Firmes en el rumbo, aun con mar violento,
asidos al timón avanzamos sin lamento.
Unidos: esfuerzos, cariño y sentimiento,
compartidos placeres y abatimiento.

Juntos tú y yo, con las velas al viento,
vamos volando a nuestro vuelo atentos.
Tomando aire y renovando aliento,
remontamos collados y sufrimiento.

Firmes en el rumbo, aun con viento lento,
compartimos estrellas y firmamento.
Soñando despiertos en cualquier momento.
Juntos tú yo, con nuestro amor en aumento.



Hay momentos en que la poesía de Jorrín tiene resonancias populares, como en “Valle de Campoo”, donde se siente el eco de las coplas de ciego, de los pregones o de los romances en que se elogian encantos de una aldea frente a su vecina y rival.


Hombres forjados al viento…

Valle de Campoo

Hombres forjados al viento.
Mujeres curtidas al aire.
Le dan a Campoo el aliento,
le dan a Campoo el donaire.

Campoo, campo abierto
eres amplio y ambicioso,
eres campo descubierto,
en paisajes caprichoso.

Eres techo en las alturas,
a tres mares van tus fuentes,
generoso en tus anchuras,
y tus aires transparentes.

Longos son tus inviernos,
breves son tus veranos.
Suaves son tus senderos
ruta de foramontanos.

Es tierra de mozos nobles,
de historias y sus anjanas.
Crecen cagigos y robles,
buenas mozas y galanas.

De costumbres ancestrales,
Campoo anda sobrado.
Antruido para chavales,
las Marzas, lo más sonado.

Forastero que moza lleva
y no paga la “prendada”
ése en su boda no queda
sin su buena cencerrada.

Tiene iglesias con cigüeñas,
arboledas y argumales.
Tiene florestas risueñas,
tiene verdes pastizales.

En Palombera saltan ciervos,
hay potros de pelo ruano,
tudancas de buenos cuernos.
Cueva tienes en Suano.

Argüeso marquesado antaño
con castillo de maravilla.
Regia la torre de Proaño,
Paracuelles y Espinilla.

En Fontibre nace el Ebro,
Fuente libre, Fontibero.
Sus aguas mojan Iberia,
A Salces besan primero.

Abiada la bien situada
a la vera del nogal,
que es de La Hoz entraña
monumento regional.

Mazandrero es la atalaya,
en Celada Calderones.
La Guariza pone el haya
el Hijar los rabiones.

En Mezud Villacantid
placentera y heráldica,
que se siente muy feliz
con su iglesia románica.

Entrambasaguas y La Lomba
son mellizas en el Henar,
última parada y fonda
para subir a esquiar.

Izara tiene una peña,
Soto tiene un pinar.
Serna la más pequeña
con Ormas y con Villar.

La Miña a Camino lleva,
La Población, más lejana,
con Barrio y con Naveda,
Campoo completo queda.

Pueblos con garra y pulso
de un “no se qué” disponen.
Hermandad de Campoo de Suso
veinticuatro la componen.



No podemos pasar por alto al considerar este libro de poemas los extraordinarios dibujos a pluma que con indiscutible acierto ornamentan sus páginas. Es un estilo sencillo, esquemático, cargado de lirismo y de suave melancolía, como corresponde a un pintor-poeta que, aunque otea a la meseta castellana desde la atalaya de Campoo, no deja de tener puestos los pies en la roca gris, bajo las nieblas de la cordillera cantábrica".



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